Un desierto millonario

15 marzo, 2016
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El Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, es un santuario natural donde descansan los vestigios de seres que vivieron hace millones de años. Y como tal, integra la lista de Patrimonios de la Humanidad declarados por la Unesco en la Argentina.

El paraíso geológico y paleontológico del Triásico más importante de la Argentina es la estrella del ecoturismo en la provincia de La Rioja. Fue creado como Parque Provincial en 1975 y “ascendido” a Parque Nacional en 1997, para ingresar, a fines del año 2000, en la lista de los ocho Patrimonios de la Humanidad declarados por la Unesco en la Argentina.

Sin embargo, hasta los años 70, Talampaya era un desierto ignoto para la mayoría de los argentinos, salvo por los geólogos y paleontólogos que mantenían un estado de alerta latente desde el año 1893, cuando el geólogo Alfred Stasmed hizo un reconocimiento de los campos de Talampaya.

En el ínterin, hubo un largo silencio, hasta que, en la década del 40, el doctor Joaquín Frenguelli –de la Universidad de La Plata– hizo un relevamiento de la zona y aportó datos valiosos que interesaron a geólogos y paleontólogos de todo el mundo. Más tarde, en los 70, se construyó la carretera que une la localidad de Patquía (al sudeste del parque) con la ciudad de Villa Unión (al norte), donde hoy se encuentra la Intendencia del parque.

Con la carretera llegaron los vehículos, y con ellos algún que otro periodista –el primero fue Federico Kirbus– y algunos viajeros, de esos que viajan por lugares exóticos. Hoy el Parque Nacional Talampaya, ubicado en el centro-oeste de la provincia de La Rioja –en el Departamento de Villa Unión– es uno de los sitios más visitados de la provincia. Y esto es así en gran parte por la espectacularidad de sus paisajes: un laberinto de monumentales paredones y formaciones geológicas que estimulan la imaginación en pleno desierto al rojo vivo. El color rojizo se debe al alto contenido de óxido de hierro en la tierra y las piedras.

La misión del parque es proteger los importantes yacimientos arqueológicos y paleontológicos dentro del área de 215.000 hectáreas que ocupa y conservar los resabios encontrados de antiguas culturas que habitaron la zona. Sus cuidados se extienden a su flora, donde destacan los algarrobos y la chilca, un arbusto endémico de La Rioja, San Juan y San Luis. La prolífica fauna enlista algunas de las especies endémicas de la Argentina, como el gallito arena, el canastero rojizo y el cachalote pardo. El zorro gris, el guanaco, el ñandú y el cóndor andino son los animales más fáciles de ver. Mucha más suerte se necesita para avistar al águila mora o al halcón peregrino.

Donde hubo vida, vestigios quedan

Por un lado, Talampaya es un vergel de restos fósiles que incluye vestigios de tortugas de 210 millones de años (como es el caso de la talampayens Palaeocheris) y reliquias de flora y fauna todavía más antiguas. Y el de un dinosaurio, el talampayensis Lagosuchus, que habitó nuestro planeta hace más de 250 millones de años: de hecho es el ejemplar más antiguo del mundo encontrado hasta nuestros días. Gracias a hallazgos como este, los científicos pudieron decodificar cómo y cuándo surgieron los primeros dinosaurios en el planeta.

Por otro lado, las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en los años 90 revelaron ocupaciones humanas en aleros y cuevas que sirvieron de viviendas, enterratorios y depósitos a grupos aborígenes que, según los fechados radiocarbónicos, datan de los años 2590 y los 960 antes de nuestra era. El paso de los nativos –grupos seminómadas dedicados a la caza y la recolección– por estas tierras queda a la vista de los visitantes en los morteros y en el arte rupestre que perdura hasta hoy.

El recorrido clásico

Digamos que un paseo clásico por el parque se puede hacer en un día. Empieza frente al centro de visitantes en el Sendero del Triásico, que es autoguiado y se recorre en 20 minutos. Allí la visita puede medirse a escala real con réplicas de dinosaurios y otros animales prehistóricos que habitaron la zona en el Triásico, hace 250 millones de años. Las obras fueron construidas por un equipo de paleontólogos del Conicet con fibra de vidrio y resinas sintéticas. El resultado es una verdadera obra de arte.

El paseo continúa por el Cañón de Talampaya, en combi o en camión overland, una especie de bus todoterreno con capacidad para 24 personas, con catering, baños y guía bilingüe a bordo, y una serie de videos explicativos. Lo interesante de este moderno vehículo es que arriba, donde normalmente iría el techo, los pasajeros pueden acomodarse en butacas y disfrutar del paisaje con una vista en 360°.

Durante el recorrido de tres horas se aprecia la belleza del singular desierto rojo. En Talampaya la naturaleza se ha tomado su tiempo para hacer un trabajo monumental. Por millones de años, los ríos y el viento horadaron todo lo que se interpuso en el camino y esculpieron formas que sugieren –en aras de humanizar la cuestión– antiguas ciudades amuralladas, solemnes catedrales góticas y enigmáticas esfinges egipcias.

Sin embargo, a las bellezas naturales se suman las expresiones culturales de los habitantes originarios de la zona. Por caso, en la Puerta del Cañón de Talampaya se aprecian antiguos petroglifos, y, a un lado, morteros cavados en la roca.

Pasando un bosquecillo de algarrobos centenarios, chañares y molles, aparece, de repente, un rojo paredón de 150 metros. En ese paredón monumental está La Chimenea, una gran hendidura en semicírculo que va desde la base hasta la cima. Más adelante está La Catedral y, por último, El Monje, desde donde se regresa al punto de partida.

Una para deportistas y otra para románticos

Quien gusta de sudar la camiseta puede montar una de las 25 bicicletas que alquilan en el parque y recorrer –siempre con guía autorizado– algunos de los circuitos tradicionales. Por un lado, se puede hacer el circuito del Cañón de Talampaya, que dura una hora y media, y pasa por el sector de los petroglifos indígenas, una cueva y el Jardín Botánico. La segunda alternativa es un poco más larga, ya que dura alrededor de dos horas y media y, además de recorrer lo mismo que la anterior, se interna por el cañón hasta La Catedral.

Si de día el parque parece un lugar de otro planeta, en las noches de luna llena el aire se impregna de un romanticismo intergaláctico. La belleza de esta reliquia geológica se intensifica con el resplandor blanquecino de nuestro venerado satélite natural. Es el momento que a cualquiera le gustaría presenciar, claro que hay que planificar las fechas con anticipación y contar con algo de suerte para que la luna no traiga agua. El paseo dura tres horas y parte, en vehículo, desde el parador Huayra Huasy hasta el centro del cañón. Es una maravilla ver la enorme luna plateada entre los murallones que se aprecian como una sombra a contraluz. Luego de una caminata de media hora bajo la luz de la luna, se continúa otro tramo en vehículo hasta La Catedral, para observar el contorno negro de sus misteriosas y sugestivas agujas góticas de 100 metros de altura.

Al final de la visita, uno se va del Parque Nacional Talampaya con la certeza de que en la obra de la naturaleza el hombre es tan solo una fresca pincelada.

 

Ciudad Perdida

Un trekking de tres horas por la llamada Ciudad Perdida es un buen complemento para redondear una visita de un solo día al parque. Durante el recorrido se sortean dunas y pampas pobladas por guanacos para llegar a un mirador natural elevado desde donde se aprecia una profunda hondonada de tres kilómetros de diámetro con fantásticas formaciones que asemejan las ruinas de una antigua ciudad. Los imponentes farallones de 250 metros de altura que rodean la “ciudad en ruinas” en pleno desierto parecen ser las murallas que sobrevivieron al imaginario desastre.

Una vez allí dentro, se revela paso a paso la magia de un intrincado dédalo de grietas, galerías sin salida y sinuosos cursos de agua resecos. Encontrar la salida al laberinto de Ciudad Perdida sería imposible sin la compañía de un guía autorizado, versado en los secretos del camino.

Cañón Arco Iris

El más colorido de los paisajes de Talampaya está en el circuito del Cañón Arco Iris, por donde transcurre otro de los trekkings cortos que complementa una visita por el día al parque nacional.

La nueva escenografía sugiere un universo onírico, como si unos cuantos arcoíris hubieran colisionado con la tierra en este preciso lugar. Las líneas ondulantes de las paredes de las cuevas y los pasadizos que se atraviesan caminando, los “arcoíris” de minerales que surcan la arcilla con colores brillantes –ocres, rojos, verdes y blancos–, todo en el paisaje sugiere movimiento. Cada tanto, si uno mira hacia arriba, se ven enormes rocas que penden en un filo y parecen a punto de caer. Hay también seres fantásticos cincelados en piedra que parecen provenir de la imaginación de Steven Spielberg. En suma, un paisaje de colorines y extraterrestres.

Para caminantes empedernidos

Un trekking por La Quebrada Don Eduardo no tiene desperdicio, pero hay que estar dispuesto a caminar largo y tendido. Hay una opción de caminata de seis kilómetros y otra del doble. Si se elige el trekking más largo, este incluye el Cañón de Talampaya y se habrá recorrido lo mejor del circuito clásico y de los circuitos alternativos.

Al principio se camina por el curso seco del río Talampaya en pleno desierto. Nada hace pensar que en época de lluvias –verano– el río puede alcanzar los 400 metros de ancho y un metro y medio de profundidad en cuestión de minutos. Excepto por algunos algarrobos –de tronco retorcido y varias veces centenarios– que crecen en las márgenes del río.

La Quebrada Don Eduardo aparece detrás de unas lomadas y túneles de piedra entre pasadizos de arenisca. La caminata transita por subidas y bajadas entre rocas gigantes despeñadas hace milenios y por miradores esculpidos en las paredes de arcilla que ofrecen unas vistas panorámicas bellísimas.

 

INFO ÚTIL

Para tener en cuenta

Vías de acceso

Atraviesa el Parque la Ruta Provincial Nº 26, en el tramo comprendido entre Villa Unión y Los Baldecitos (localidad limítrofe entre La Rioja y San Juan).

Información

El centro de informes está ubicado a 14 km de la misma ruta, desviándose hacia el noroeste. Cuenta con sanitarios y bar, y es el punto de partida para los distintos recorridos.

Intendencia del Parque Nacional Talampaya

En la ciudad de Villa Unión, ubicada a 60 km del parque nacional, se encuentra la Intendencia del Parque Nacional Talampaya, a media cuadra de la plaza principal. En esta oficina, además de desarrollarse todas las tareas administrativas, se brinda información al visitante.

N. Alem s/n (5350), Villa Unión, La Rioja; Tel.: (03825) 470241; talampaya@apn.gov.ar; talampaya@infovia.com.ar

Dentro del parque

No se permite el ingreso de vehículos particulares a los circuitos.

Se encuentra vigente la obligatoriedad de ingreso con guías habilitados a todos los circuitos. Todo visitante debe regresar con sus residuos y está prohibido hacer fuego y llevarse del parque cualquier objeto, ya sean plantas, fósiles o piedras.

Cuándo ir

Aunque se puede visitar todo el año, el otoño y la primavera son las estaciones ideales.

 Cómo llegar

En avión a La Rioja capital

Aerolíneas Argentinas vuela a La Rioja. www.aerolineas.com.ar

En auto a Villa Unión

Desde La Rioja son 283 kilómetros por RN 38, 150 y RP 26.

Alquiler de auto

Kings Rent a Car, Av. F. Quiroga 1070 y Copiapó; Tel.: (0380) 4422122

Oro Bus, España 590; Cel.: (0380) 154685097

Dónde dormir

Hotel Pircas Negras

Ruta Nacional 76, Acceso Sur, Villa Unión, La Rioja; Tel.: (03825) 470611; reservas@hotelpircasnegras.com; www.hotelpircasnegras.com

El emplazamiento de este hotel es estratégico por su cercanía al Parque Nacional Talampaya, al que se accede desde la ciudad de Villa Unión por la RN 76. Son 50 kilómetros de distancia, unos 20 minutos en auto.

Hotel Cañón de Talampaya

Ruta Nacional 76, kilómetro 202, Villa Unión, La Rioja; Tel.: (03825) 470753; reservas@hotelcanontalampaya.com; www.hotelcanontalampaya.com

Este hotel se encuentra ubicado en la entrada a la localidad de Villa Unión. Tiene piscina y habitaciones muy espaciosas.

Dónde comer

La Palmera

Ruta Nacional 76 & 40, Villa Unión.

La especialidad de la casa es el cabrito al horno.

La Ramada

Es el restaurante del Hotel Pircas Negras.

Aquí se puede degustar la deliciosa cocina regional.

 + INFO

Casa de la Rioja en Buenos Aires

Avenida Callao 745, CABA; Tel.: 4813-3417.

www.lariojaturismo.com; www.turismolarioja.gov.ar / info@turismolarioja.gov.ar

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