“No hay soluciones individuales”

9 marzo, 2013
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La senadora salteña Sonia Escudero propone un cambio fundamental en la sociedad: darles más espacio a las mujeres en los puestos jerárquicos de las empresas y promover el empleo joven.

Es una de las mujeres más fuertes de la política de Salta y una ferviente defensora de los grupos más débiles. Será por eso que a Sonia Escudero siempre le apasionó luchar por lo justo y buscar el bien común. Lo hizo durante muchos años como abogada en el Gobierno de la provincia de Salta, luego desde el Poder Legislativo provincial y, tras pasar por otros cargos, fue electa senadora por Salta. “Como abogada siempre me daba gran satisfacción poder ganar un juicio y solucionar un problema”, explica, y admite que, desde la función pública, se dio cuenta de que con la firma de un decreto se resolvían cientos de problemas. Sin dirigentes en su familia de origen, aunque con un padre amante de la política, un abuelo irigoyenista y un marido australiano que fue senador, Kenneth Reed, asegura que como todo político sueña con ser presidenta de los argentinos.

Escudero reparte su vida entre el Congreso de la Nación y su amada provincia. Vive en plena capital salteña junto a su marido, y cuando el tiempo se lo permite descansa en su casa de campo, donde se conecta con la naturaleza. No obstante, la senadora nunca deja de planificar e imaginar un futuro más justo. Por esta razón, trabaja incansablemente para lograr que dos proyectos se conviertan en ley. Se trata de la ley de promoción del primer empleo y de empleo joven, y de la ley de igualdad entre mujeres y varones. Ambas tienen el objetivo de darles a las mujeres y a los jóvenes un lugar más equitativo en la sociedad.

¿Cómo ve a la mujer en los lugares del poder como la política?

Creo que la llegada de una presidenta al país ayuda mucho al avance de las mujeres. Ella fue reelecta, y el porcentaje demuestra que no fue por su marido. El prejuicio está superado. Pero todavía resulta difícil para las mujeres avanzar en espacios que han sido tradicionalmente de los varones. El Congreso, por ejemplo, fue siempre masculino y cambió con el voto de Eva Perón. Pero luego, con la caída del peronismo, la participación de las mujeres bajó al 2%. Yo soy producto de la Ley de Cupo que se aplicó por primera vez en 2001. En el 94 se modificó la Constitución y se agregó un senador por provincia. A partir de la crisis de 2001, se decidió que los senadores tenían que ser electos por el voto popular. Así llegamos al año 2001, con un 30% de mujeres –algo histórico– en el Senado de la Nación. En esa oportunidad, pudimos mejorar la imagen de una institución que estaba muy devaluada. Y, todavía, seguimos peleando. Si bien logramos que la presidencia previsional del Senado la tuviera una mujer, cuando miramos hacia abajo, nos damos cuenta de que falta mucho. Hay más de 20 comisiones permanentes presididas por mujeres. A pesar de esto, las mujeres en el Senado solo somos un 38,9%. Además hay una cantidad de comisiones importantes donde ningún cargo directivo está ocupado por mujeres. No se ha logrado la equiparación de género. Hemos dado pasos importantes, pero todavía falta mucho para decir que estamos en igualdad.

¿Cómo están las mujeres en los diferentes sectores de la sociedad?

Las cosas han mejorado muchísimo. En materia de educación, las mujeres superamos a los varones en los tres niveles educativos. En la salud también venimos muy bien, pero hay dos sectores en los que estamos muy mal. Los datos mundiales sobre la participación femenina en directorios o en puestos jerárquicos son alarmantes. Según el Foro Económico Mundial, en su informe sobre brechas de género en el mundo corporativo de 2010 (The Corporate Gender Gap Report) realizado sobre el estudio de las 20 economías más grandes y sobre más de 600 empresas, solo existe un 5% de mujeres con cargo de CEO (Chief Executive Officer). En la Argentina, las cifras oficiales del Ministerio de Trabajo dicen que, en relación con los salarios de los hombres, a iguales responsabilidades las mujeres recibimos un 25% menos de sueldo. Esto ocurre tanto en empresas públicas como privadas. Como sucede en otros países, debemos pujar para que en los directorios de las empresas haya mayor paridad. Con el arribo de las mujeres, se corregirán las falencias en las desigualdades de los salarios y la discriminación de género que pudiera haber en esas compañías. Ya lo han hecho otros países de Latinoamérica.

¿Qué propone su proyecto de ley de igualdad entre mujeres y varones?

El proyecto estipula un mínimo de 40% de mujeres en los directorios de las empresas que tienen más de 50 empleados. A las empresas públicas les damos un plazo de tres años; y a las privadas, de cinco. De acuerdo a un estudio, en la Argentina, de las 2600 empresas encuestadas, la participación de las mujeres en puestos jerárquicos es de un 11%. Esto quiere decir que ya hay empresas que se están abriendo a que haya más participación femenina. Queremos que las que no cumplan con este plazo expliquen por qué no lo han podido hacer. También vamos a establecer estímulos para aquellas empresas que lo hagan. Por ejemplo, recibirán una certificación de RSE y de RS por igualdad de género. Esto las hará acceder prioritariamente a cualquier beneficio edilicio e impositivo que brinde el Gobierno.

¿Qué eco tiene de las empresas?

Cuando les planteamos que las mujeres deben tener la posibilidad de estar en puestos jerárquicos, nos dicen, por ejemplo: “No puedo porque no hay suficientes mujeres ingenieras”; pero cuando vemos las matrículas de egresados de la carrera, notamos que esto no es cierto. En muchas compañías, las mujeres están en las áreas de Relaciones Públicas o de Recursos Humanos. Si las usan como la cara o como las comunicadoras de las empresas, no entiendo por qué no van a poder estar en el directorio. Las estadísticas de los países que lo hicieron demuestran que nosotras somos tan consumidoras como los hombres. Por ende, las empresas que tengan a mujeres en cargos de decisión tienen la visión de las compradoras. Ellas van a detectar más fácilmente cuáles son los productos que pueden funcionar en el mercado femenino. En relación a la licencia por maternidad, también hay que observar lo que hacen otros países. Se habla de que hay que ampliar la licencia a seis meses.

También trabaja en el proyecto de empleo para los jóvenes. ¿Qué la impulsó a ocuparse de este tema?

Las cifras. El 80% de las personas que recibo en mi provincia están buscando trabajo. Estudiando las estadísticas, se observa que hay una franja de jóvenes a los que les resulta muy difícil acceder a un puesto de trabajo. Hay muchos que se quejan de que cuando van a una entrevista les piden referencias. La pregunta es: ¿cómo se accede por primera vez a un trabajo si no se tiene experiencia? Entonces la propuesta es estimular a las empresas a que tomen jóvenes. Se estima que, en nuestro país, hay 800 mil jóvenes que no estudian ni trabajan. Por un lado, están los programas estatales que los estimulan otorgándoles un subsidio a los chicos que dejaron el secundario para que vuelvan a estudiar. Pero también tenemos que abrir oportunidades para otros que no quieren estudiar, pero que quieren trabajar. La propuesta es para aquellas empresas que toman chicos jóvenes que transitan por la experiencia del primer trabajo. A estas empresas se les subsidiará durante un año el 100% de las cargas sociales, excepto el seguro de salud. Y si se trata de una persona joven, pero que ha trabajado antes, el subsidio será del 50% de las cargas sociales durante un año. Además, el empleador no podrá despedir a este empleado durante el año y medio posterior. A las empresas que tomen un 20% de jóvenes se les otorgará un certificado de RSE. Creo que puede ser una ley muy favorable también para los empresarios. Cualquier estímulo que tiene que ver con las cargas sociales es interesante para el empleador. Muchas veces se quejan de que no consiguen a personas capacitadas. Esta es una forma de capacitar.

¿Cómo ve a la juventud?

Los jóvenes están ávidos de crecimiento, y nosotros los instamos a que se capaciten. En Salta piden trabajo con un título universitario, pero el mercado está cerrado por diferentes circunstancias. La actividad económica es muy baja en el norte del país. No se han tomado medidas serias que estimulen la economía. Las jubilaciones son muy bajas, nadie se jubila y esto perjudica la movilidad laboral y la posibilidad de que los jóvenes se puedan incorporar al mercado.

¿Qué deberían hacer los empresarios para acompañar el crecimiento del país?

En primer lugar, tener un gran compromiso, entender que no hay soluciones individuales. Es una bomba de tiempo tener un 30% de pobres. Afortunadamente, el país cambió mucho a partir de la crisis de 2001, hay más solidaridad. Cada vez más, la gente prefiere comprar un producto de una empresa que practique RS, que implemente prácticas en beneficio de la comunidad. Si queremos vivir tranquilos y seguros, tenemos que cerciorarnos de que nuestros vecinos estén tranquilos.

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