La construcción tradicional sí puede ser sustentable

1 abril, 2017
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Existen en el mercado productos que colaboran con el cumplimiento de la ley 13.059 sobre aislación térmica, garantizando la misma eficiencia energética que los nuevos métodos de construcción.

“El ladrillo, utilizado correctamente en un sistema constructivo de calidad, colabora con la aislación térmica y cumple con la ley 13.059”, asegura la arquitecta Sandra Amerise*, asesora en sustentabilidad del Grupo UNICER. Tras un avance en su diseño, su línea de productos Doble Pared garantiza el índice de transmitancia térmica que exige la legislación vigente.

La diferencia de este ladrillo con los convencionales es que tiene una mayor cantidad de huecos. Esto hace que se generen cámaras de aire que, al estar interrumpidas entre sí, no permiten que el aire pase en forma continua y cortan el puente térmico, controlando la temperatura interior y el intercambio de energía con el exterior.

Otra característica de los productos Doble Pared es que tienen 25 cm de alto en vez de 19. Esto significa que la construcción de una pared requiere de una hilera menos de ladrillos, por lo cual la edificación tendrá una junta menos, disminuyendo la posibilidad de transmitancia térmica. “Este punto genera un efecto dominó de bonanzas: si hay una hilera menos de ladrillos, hay un ahorro económico en materiales y se aceleran los tiempos de obra; y si se utiliza menos material, la obra genera menos residuos y reduce su contaminación ambiental. Estas ventajas aplicadas en un plan de vivienda social, por ejemplo, ahorrarían mucho tiempo, dinero y energía”, señala Amerise.

Pero esta no es la única característica sustentable del producto: estos ladrillos están elaborados con arcillas aluvionales, aquellas que se extraen del segundo estrato del suelo y no son aptas para trabajos agrícolas o ganaderos. “Además, no es un recurso escaso. Por ejemplo, cuando se construye un edificio, hay arcillas expansivas que no se pueden utilizar para fundar, entonces se extraen y descartan”, describe Amerise evidenciando cómo esta tierra es reutilizada como materia prima. Por último, la fabricación del producto no tiene ningún agregado químico, convirtiendo al material en 100% natural y biodegradable.

*Arquitecta (UBA) y máster en Economía Urbana (Universidad Torcuato Di Tella). Presidente del Centro de Investigación y Desarrollo Institucional (CIDI) y docente de Arquitectura Sustentable en la UBA. Fue asesora de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en diferentes proyectos, en los que se destaca la actual Ley de Terrazas Verdes.

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