“El político debe abrir caminos”

29 febrero, 2016
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La diputada nacional Margarita Stolbizer, fundadora del partido GEN y excandidata presidencial, es una mujer que vive con pasión el servicio público. Para la actual legisladora, los políticos deben servir a la sociedad con una conducta ejemplar.

Margarita Stolbizer podría ser la madre buenaza de un amigo tuyo, esa profesora de Artes Plásticas del colegio que te enseñó a dibujar cuando eras niño o la vecina que defiende tus derechos en la reunión de consorcio. Tiene ese don de gente que no se puede explicar, hay algo en ella que te hace sentir a gusto. Quizás sea su mirada oceánica, esa que está ahí agazapada y que posee una firmeza cálida sin ser penetrante. Su voz delicada no deja de expresarse con simpleza, sin vueltas ni edulcorantes. Tiene clara su cruzada y ha demostrado contar con las agallas suficientes para afrontar los desafíos de su función pública sin apelar a griteríos ni bajezas. Inspira respeto, parece leal y honesta. La imagino convirtiéndose en líder natural durante una situación de naufragio o incendio. Stolbizer es de las que sumarías a tu equipo de trabajo porque sabés que realizará su parte con pasión y no te dejará a mitad del río. Se hace cargo de lo que le toca, incluso de su responsabilidad en el fracaso de la Alianza, pero rescata lo bueno de los Gobiernos sin tirar cascotes por el solo hecho de herir para ganar protagonismo. Es un político valioso, de esos que todos los países querrían tener.

¿Recuerda por qué decidió dedicarse a la política?

Tomé la decisión en el colegio secundario. Desde aquel momento, nunca abandoné la política y jamás tuve épocas de retiro. Desde muy joven me interesaba la lectura de la historia y, a partir de ella, de los procesos políticos. Así, me fui involucrando. No tuvo que ver ningún mandato familiar, no fui de esas personas a las que sus padres las llevan de la mano a un comité. Desde que era chica quería tener 18 años para cumplir dos sueños: sacar el registro de conducir y afiliarme al radicalismo. Además, contaba con esa vocación adolescente de pretender cambiar el mundo. El problema de esa vocación suelen ser las traiciones que los adultos nos hacemos a los ideales de jóvenes. Aquella era mi idea y no la he abandonado en el tiempo.

 

¿Considera que los adolescentes de hoy también quieren cambiar el mundo a través de la política?

Me parece que hay más interés de los jóvenes por la política de lo que se piensa o se dice. A veces, hay un discurso que descalifica a los jóvenes, a los ideales que pueden ellos sentir, y se piensa que no les interesa la política. Sin embargo, cuando uno observa las carreras de Ciencias Políticas, están llenas de estudiantes. Entonces, creo que hay una verdadera vocación, el problema es que nosotros tenemos una crisis muy profunda en los partidos políticos, ahí es donde está la clave de por qué no hay suficiente participación. Los partidos no se abren, no convocan, son más bien expulsivos de los cuadros juveniles. O simplemente se utiliza a los jóvenes para hacer seguidismo de los adultos en lugar de abrirles los espacios. Yo sigo pensando que los jóvenes mantienen esos mismos ideales de transformación del mundo a través de la política que tenía yo en mi adolescencia, el tema es que no sé si la política les está abriendo convenientemente las puertas. 

¿Cree que esta situación que usted describe se presenta en todos los partidos políticos de la misma manera o existen partidos que supieron cómo atraer a los cuadros jóvenes? Le pregunto esto pensando en La Cámpora, por ejemplo.

Creo que se ve en todos los lugares. Nosotros somos un partido bastante moderno y que tiene muchos cuadros juveniles, pese a ser nuevo y muy pequeño. Es natural que el partido más convocante para jóvenes y adultos sea el que gobierna, por eso se comprende La Cámpora dentro del kirchnerismo. Ahora, cuando uno ve al PRO, por ejemplo, tiene muchos cuadros juveniles, incluso los funcionarios de primerísimo nivel de ese partido son gente muy pero muy joven. Entonces, yo creo que hay un interés de los jóvenes por la política y por participar de los espacios de los distintos partidos. 

¿Cuál es la responsabilidad que usted considera que debe asumir un político?

Aclaremos que el político y el funcionario son dos cosas distintas. El político tiene que orientar, abrir caminos, confrontar ideas, ejemplificar con sus conductas. Ahora bien, cuando llega a ocupar un cargo público, desde ese momento tiene otro tipo de responsabilidades concretas sobre la base del cargo que ejerce. 

¿Durante toda su carrera política sintió que siempre fue leal a su vocación?

Absolutamente. Yo nunca tuve crisis internas y siempre estuve tranquila de actuar de acuerdo a mis convicciones, aun cuando los resultados electorales no me acompañaran. Yo sigo convencida de que actué de acuerdo a mi convicción, a los valores éticos.

 

Existen ciertos políticos que, pese a tener un alto porcentaje de imagen positiva, no son acompañados por el voto del electorado, quizás movido este último por el afán triunfalista de votar solo a los que a priori tienen chances concretas de ganar las elecciones. ¿Usted se considera parte de esa clase de políticos?

Si nos referimos a las últimas elecciones presidenciales, creo que uno tiene que poder entender lo que ha ocurrido. Nosotros, como partido, terminamos asfixiados como el jamón del sándwich, entre una tensión muy grande que se dio entre una gran cantidad de personas que querían que quienes estaban gobernando no tuviesen chance alguna de seguir y otras tantas que, si bien no estaban encantadas con Daniel Scioli, prefirieron votarlo para evitar el riesgo que para ellas representaba Mauricio Macri. Esto me lo hicieron ver durante la campaña, dado que mucha gente me decía por la calle: “Margarita, vos sos muy buena, pero yo quiero que estos se vayan y no ganen. Como vos no podés ganar, hay que votar al que sí puede hacerlo”. Así es como se dio esa polarización tan extrema, y hay que intentar comprender esas motivaciones personales. Nosotros lo planteamos durante la campaña, este era un tema para terapia, el voto se definía más por la negativa que por la positiva. Voto por este para que no gane el otro. La gente estaba resignada y entregada a lo que no le terminaba de conformar. Yo pienso que uno también debe reconocer el error de visión, poder comprender lo que estaba pasando en la sociedad. Uno trata de ser honesto con las personas y con uno mismo, actuando de acuerdo a su convicción. Me parece que en los últimos años se instaló fuertemente esa cosa de la confrontación, de la pelea a extremos terribles, y esa es una de las cosas que pienso que hay que cambiar. Yo soy muy firme en mi oposición cuando las cosas no están bien, pero la verdad es que no se puede llegar a niveles de intolerancia con respecto al que piensa distinto. Y así es como estábamos, se llegó a la elección con una tensión enorme y la gente sufría el proceso electoral. Creo que se instaló ese clima de miedo y las personas votaban enojadas. Nosotros decíamos en ese momento que no había que votar enojado porque los resultados no suelen ser buenos cuando uno vota así. Gana el que vota lo que le gusta. 

Ya le pregunté por la responsabilidad del político, ahora, siguiendo este lineamiento del votante que no termina, según usted, de votar a quien más lo representa, ¿cuál es la responsabilidad que tiene el ciudadano?

Creo que la sociedad necesita generar mejores incentivos para la buena política. ¿Qué quiere decir esto? Que haya premios y castigos. No puede ser que una persona venga al Congreso de la Nación, esté aquí sentada durante cuatro años en calidad de legisladora, no abra jamás la boca, no presente ni un solo proyecto, y luego se vuelva a postular y la gente la elija. ¿Cuál es el incentivo para que realmente los demás legisladores hagan las cosas bien? Si yo hago las cosas bien, soy honesto, estudio, trabajo, presento proyectos, represento a la gente, recorro y después no me votan, el incentivo no existe. Digo, la próxima vez no hago nada. Los políticos no somos otra cosa que el emergente de los valores que la sociedad deposita en nosotros y también de las miserias, esa sociedad se expresa a través nuestro. La gente luego reclama por qué no son mejores, por qué no trabajan más. Bueno, señores, porque ustedes votan muchas veces a esos legisladores que hacen la plancha. Otro tema de importancia, yendo a un terreno más comunitario y social: hay que recuperar el valor de lo colectivo, entendiendo que las misiones personales como proyectos políticos son legítimas, pero tienen que estar siempre por debajo del valor de lo comunitario, del interés público. Y hay que poder separar esos intereses particulares de lo que son los intereses colectivos, y a veces esas cosas se confunden.

Precisamente, cuando el proyecto político personal es la Presidencia, muchas veces ciega al político negándole la sapiencia para comprender que el electorado lo quiere en otra función distinta, quizás legislativa en lugar de ejecutiva. Sin embargo, ellos insisten en candidatearse para alcanzar la Presidencia.

Aclaremos lo siguiente. No está mal que el político tenga aspiraciones, pero para ello debe prepararse para asumir ese cargo y desechar los malos comportamientos para lograrlo. Uno tiene que llegar demostrando que es mejor y preparándose, y eso me parece que es legítimo. Pero la sociedad puede decirte con su voto que confía en vos para ocupar un sitio. Naturalmente, el votante nos va acomodando, prefiriendo que ocupemos quizás una tarea legislativa en lugar de ejecutiva. Ahora, también es cierto que en esto hay que entender que la sociedad puede confundirse, no siempre el votante sabe absolutamente todo.

¿Piensa que la sociedad se ha cansado de la terminología o los motes clásicos de la teoría política? Esto de hablar de “derecha”, “izquierda”, “centro”, “progresismo”, “desarrollismo”, etc. Incluso parece que no todos comprenden de qué va cada definición, por lo cual, tal vez, el tema ideológico termina agobiando al votante.

Primero, creo que lo que cansó al ciudadano tiene que ver con las traiciones que se hacen a las ideas. El gran problema son los que tienen discursos fantásticos de izquierda y después hacen negocios de derecha. Esto me parece que es lo que hemos visto mucho durante los últimos años. Entonces, la gente lógicamente se cansa de esto. Dijeron que eran partidos de izquierda y se robaron todo. Ahí hay una contradicción muy grande entre el decir y el hacer. Cuando uno no puede sostener con coherencia sus ideas y su estilo de vida deteriora el ejercicio de la actividad política. Y lo otro que me parece que cansa a la gente es la “sobreideologización” de las cosas. Yo creo en las ideologías y en que no puede haber gestión sin ideas, porque si a la gestión no la manejan las ideas o las políticas, las terminan manejando los negocios. Yo no creo en los que llegan despojados de ideas, no les tengo confianza. Pero si vas a plantear una cuestión ideológica en torno al vaso de agua, la gente se da cuenta de que la estás engañando y se agobia.

¿La crisis política que suscitó la caída de la Alianza en 2001 fue una oportunidad que los políticos no supieron capitalizar?

Sí, absolutamente. El 2001 fue el gran fracaso de la política, y yo integré esa Alianza. No hay dudas de que se desperdició un momento valioso. Para quienes formamos parte del Gobierno de la Alianza, aquella fue una oportunidad histórica. En realidad, pocos Gobiernos llegaron con tanta vocación de cambio y tanto apoyo popular. Pero todo se dilapidó rápidamente.

¿Cuál fue el político que mejor representó lo que para usted es el “ser político”?

Raúl Alfonsín. Por el momento histórico, el salir de una dictadura tan cruel como la que habíamos padecido, hacía falta una persona con una gran influencia, con una visión no solamente de estadista desde lo intelectual y lo estratégico, sino también desde el liderazgo emocional. No tengo duda, fue el gran inspirador de muchos de nosotros.

¿Alguna vez se sintió poderosa o seducida por el lado más vil del poder?

Yo no me siento poderosa. Hay que saber entender qué es el poder. Ahí está la confusión, cuando se cree que este puede ser un fin en sí mismo. Y entonces, solo se trabaja para alcanzarlo, cuando en realidad es una herramienta. El político tiene que pelear para contar con un espacio de poder porque desde allí deberá trabajar para transformar la realidad, para mejorarle la vida a la gente.

Actualmente, la reducción de la pobreza y la mejora de la educación, son dos temas muy importantes para el actual gobierno. ¿Cuál solucionaría primero?

Están absolutamente vinculados, cuando nosotros planteamos el problema de la pobreza como una de las prioridades, siempre decimos que no implica eliminar a los pobres ni repartir subsidios; es, entre otras cosas, garantizar una educación de calidad. Para combatir la pobreza y terminar con el hambre debemos darles a los chicos la posibilidad de una escuela que los contenga y los represente, que los forme y les abra las puertas.

A lo largo de su trayectoria política ha librado una batalla contra la corrupción desde diversos espacios, ¿cree que en algún momento se acabará o la padeceremos eternamente como parte implícita de nuestro ADN como sociedad?

La corrupción es un mal demasiado generalizado. El problema es que en muchos otros lugares los corruptos van presos, y en este país no. Por eso lo más grave no es la corrupción, sino la impunidad de los corruptos. Lo que necesitamos es tener una justicia que actúe de manera independiente, que vaya sobre los poderosos y no sobre los débiles. Las cárceles están llenas de pobres, y ahí es cuando uno se da cuenta de la selectividad que tiene el sistema penal, pues parece perseguir solo a los pobres mientras que los ricos y los poderosos nunca caen. Hay que trabajar en ese sentido, saber que el corrupto terminará preso.

En la Argentina la palabra “rico” parece ser sinónimo de “villano”, cuando en realidad nada de malo tendría hacerse rico trabajando y generando trabajo a otros. ¿Por qué cree que existe este prejuicio?

El problema es la riqueza mal habida, a costa de la vida de los otros. Ayer tuvimos la sentencia de la tragedia de Once [Nota del autor: hace referencia a las condenas dictadas, el pasado diciembre, por el Tribunal Oral Federal 2 por el choque del tren “Chapa 16”, ocurrido el 22 de febrero de 2012]. La riqueza amasada por los culpables de aquella tragedia fue a costa de las personas que perdieron la vida aquel día. Claro que hay ricos que no son villanos y no hay que tener prejuicios contra ellos. Hay que exigirles a los que más tienen que coparticipen para mejorarles la vida a los que menos tienen. 

¿Palpita un verdadero cambio social con la llegada del PRO al Gobierno?

Todos estamos esperanzados en que algunas cosas empiecen a cambiar, pero hay que entender primero que los cambios profundos no se alcanzan por acto de magia, hace falta mucha decisión política e inteligencia. Si analizo el poco tiempo de Gobierno, veo que hay luces y sombras, como en todos lados. Pero no debemos idealizar, sino intentar cooperar para que a todos nos vaya mejor. Yo no creo en los opositores que se paran en la vereda de enfrente a cascotear al que gana, creo en el opositor que tiene la grandeza de cooperar. 

¿A qué país le gustaría que nos pareciéramos?

A nosotros mismos en las cosas buenas que fuimos y tuvimos. No hace falta buscar modelos por afuera, aunque me gustan ciertas cosas de Uruguay y de Chile, pero me parece que estamos en condiciones de conseguir lo bueno que ellos pueden tener y algunas cosas más también.

DESHOJAR LA MARGARITA

Margarita Rosa Stolbizer (1955) estudió Derecho en la Universidad de Morón. Fue Secretaria General del Colegio de Abogados de esa localidad y miembro de la Junta de Gobierno de la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA). Comenzó su militancia política en la Juventud Radical y fue Directora de Acción Social y Minoridad del Municipio de Morón desde 1983 hasta 1985, año en que fue electa Concejal por la Unión Cívica Radical (UCR). Formó parte en los años 90 de la Corriente de Opinión Nacional, línea interna de la UCR liderada por Federico Storani. En 1997, fue elegida diputada nacional, ocupando las presidencias de las comisiones de Juicio Político y Legislación Penal, y la vicepresidencia del bloque de la UCR. Como parte de la Alianza, puso condicionamientos a realizar acuerdos con el menemismo y a integrar a Domingo Cavallo al Gobierno, tal como finalmente ocurrió en 2001, antes de la crisis generalizada que llevó a la renuncia del Presidente Fernando De la Rúa.

En las elecciones de 2003, fue candidata a Gobernadora de la provincia de Buenos Aires por la UCR, obteniendo el cuarto lugar. En 2007, integró un grupo de dirigentes radicales que apoyaban la candidatura presidencial de Elisa Carrió. Debido a que su postura quedó en minoría, y ante la decisión de la UCR de apoyar la candidatura de Roberto Lavagna, el sector liderado por Stolbizer se separó del partido y se integró a la Coalición Cívica, siendo designada candidata a Gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Simultáneamente, el grupo se organizó como un partido político nuevo, bajo la denominación de Generación para un Encuentro Nacional (GEN). En esas elecciones se ubicó en segundo lugar en la elección de Gobernador de la misma provincia, detrás de Daniel Scioli, representante del Frente para la Victoria.

Fue Presidenta del Consejo Internacional de Parlamentarian for Global Action y del Grupo de Mujeres del Foro Interparlamentario de las Américas. También participó activamente en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Latinoamericano y del Foro de Parlamentarios contra la Corrupción.

En las elecciones de 2011, se presentó como candidata a Gobernadora de la provincia de Buenos Aires por el Frente Amplio Progresista, acompañando la candidatura presidencial de Hermes Binner. Obtuvo el tercer lugar, por debajo de Daniel Scioli y Francisco De Narváez.

Para las legislativas de 2013, formó parte del Frente Progresista, Cívico y Social, encabezando la lista de diputados nacionales, secundada por Ricardo Alfonsín. En las elecciones primarias del 2013, obtuvo el tercer lugar, por debajo de Sergio Massa y Martín Insaurralde.

En mayo de 2014, asumió como Presidenta del partido GEN a nivel nacional junto a Fabián Peralta (Vicepresidente) por dos años. Y finalmente, en 2015 se presentó como candidata presidencial por la alianza Progresistas luego de que Hermes Binner, del Partido Socialista, bajara su candidatura. Así, junto a su compañero de fórmula Miguel Ángel Olaviaga, consiguieron un 2,51% en las generales.

Mayor información sobre el partido GEN y Margarita Stolbizer: www.partidogen.org.ar

 

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