Edimburgo: el encanto medieval

21 marzo, 2016
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Crónica de una visita a la ciudad europea medieval por antonomasia, capital de Escocia desde 1437, luz de luces durante la Ilustración, Patrimonio de la Humanidad desde 1995, Ciudad de la Literatura en 2004, sede del castillo más emblemático del país y de rimbombantes festivales internacionales. Con ustedes, Edimburgo.

Por la ventanilla del tren, la ciudad de Londres se esfuma debajo de las nubes estacionadas en el cielo. La campiña inglesa aparece de repente, como en un truco de magia, con sus campos cultivados de colores. Cada tanto, un poblado presume de tener todas sus casas iguales: ladrillos a la vista, ventanas sobresalientes de marco blanco y negras chimeneas sin humo. Todas con su jardín delantero atestado de flores variopintas.

El movimiento uniforme del tren tiene un efecto mántrico; con él atravieso estos paisajes mudos. Pareciera como si la geografía rezara a mi alrededor. El tren es una cuna meciéndose, y finalmente el sueño vence al ensueño.

Al despertar, ajena al paso del tiempo, veo el mar que inunda la escena a través de la ventanilla. Contemplo encantada cómo algunas casas se trepan por las laderas de unas colinas y otras colonizan las playas de arena. Las escolleras se meten en el mar como largos dedos de piedra dividiendo las aguas. Alrededor, los campos ondulados se dividen en parches de verde fosforescente demarcados por pircas, donde unas ovejas pastan orondas. Estoy en Escocia.

Encanto medieval

Al cabo de cuatro horas y media –precisas, preciosas–, culmina el trayecto en tren que va desde la estación King Cross, en Londres, hasta la de Waverley, en Edimburgo, la capital escocesa en el corazón de las Tierras Bajas. Ubicada en pleno centro, la estación envuelve la llegada con su encanto medieval. Los edificios están construidos con enormes bloques de piedra al desnudo que registran en sus muros oscurecidos y húmedos el paso de los siglos. El legendario Castillo de Edimburgo se asienta en la meseta rocosa de un volcán extinto y es el epicentro de la Ciudad Vieja (Old Town), creada desde el siglo XII. Ir hacia allí es irresistible. Para ello hay que caminar por la calle principal, la Royal Mile, desde el Palacio Holyroodhouse, que es la residencia de verano de la familia real inglesa.

Pero antes me dirijo al Scott Monument, que lleva ese nombre en honor al escritor y político Walter Scott. La enorme edificación de 61 metros de altura se levanta en los Jardines de la Calle de los Príncipes, próximos a la estación. El monumento, al que el escritor británico Bill Bryson se refiere como “el cohete gótico”, está totalmente construido en piedra. El color negro de sus paredes –generado por la gran polución industrial de la humeante Edimburgo victoriana del siglo XIX– contrasta con los floridos canteros del parque por donde pasean lugareños y visitantes. Amante de las vistas aéreas, asciendo por una escalera caracol, no sin una leve sensación de claustrofobia latente. Desde el último piso los jardines quedan rendidos a mis pies y, poco a poco, se pueblan de trabajadores a la hora del almuerzo. Más allá, como telón de fondo, titilan las aguas del estuario de Forth y el puerto de Leith –el confín norte de la ciudad—, por donde navegan los barcos que zarpan del puerto South Queensferry y que llegan hasta la isla Inchcolm, donde se puede visitar una antigua abadía agustina.

Luces y sombras de Edimburgo

De vuelta con los pies sobre la tierra, camino por la Royal Mile en dirección al Castillo de Edimburgo. A medida que avanzo descubro que a ambos lados se originan callejones medievales (closes) que suelen terminar en patios circundados por casas de piedra. Otros closes son pasadizos oscuros que llevan a una ciudad subterránea donde vivían, igualmente hacinados, marginales y maleantes durante la temprana Edad Moderna. Por caso, Brodie´s Close recuerda la historia real de William Brodie, un afamado ebanista que por las noches oficiaba de ladrón y asesino, y que inspiró la pluma de Robert Louis Stevenson para su novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

En la superficie de este inframundo brillan las tiendas de regalo, los pubs y elegantes edificios victorianos de cinco o seis pisos que obligan a mirar hacia arriba. Del interior del Ensign Ewart –un bar histórico que data de 1690– afloran sonidos celtas que se mezclan con las melodías que tocan a la gorra los gaiteros en la calle. Uno de ellos, enfundado en su traje escocés, se detiene en la mitad de su espectáculo y comienza una charla deliciosa. Así me entero de que durante las guerras angloescocesas el Castillo de Edimburgo cambió de signo muchas veces. “La razón de tanta trifulca fue esta ciudad, deseada como la joya más fina de la Corona británica”, presume el artista. Es que por donde se la mire, la apodada “Atenas del Norte” –asomada al estuario de Forth desde lo alto de las siete colinas en las que se levanta– destila belleza y sabiduría. “La razón de su apodo no se explica solo por la función que cumplió la Ciudad Vieja como acrópolis –continúa el gaitero–, sino por la copiosa arquitectura neoclásica del New Town, como la National Gallery of Scotland o el National Monument en la cima de Calton Hill, que con solo 12 columnas remite al Partenón de Atenas… Aunque, tal vez, más que a ninguno, el mote se lo debamos a David Hume y a Adam Smith, que vivieron durante la Ilustración escocesa en el siglo XVIII”.

Como recordó el músico, no fue sino hasta el siglo XVIII cuando la periférica Ciudad Nueva (New Town) surgió para descongestionar a la vieja. Ambas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005. No es para menos: la ciudad –particularmente pequeña– tiene más de 4500 edificios catalogados oficialmente como “de importancia histórica” (récord en el mundo). Su castillo es una especie de microcosmos amurallado en el que hay un laberinto de calles, escaleras y recovecos que conducen a patios internos y largas balconadas con cañones apuntando hacia el mar. Recorrerlo me lleva horas: ¡con razón se tardó casi ocho siglos en acabarlo! Pobre Malcolm III de Escocia, el hacedor inicial del castillo, que nunca supo lo que había comenzado… Resulta extraño pues que “Edinburgh” (que en boca de los lugareños suena “edimbra”) provenga de “Edwinburgh” –fortaleza de Edwin– en referencia al rey Edwin de Northumbria, quien la tuviera por suya en el siglo VII, mucho antes de que existieran el castillo y la ciudad.

El atardecer

El regreso es por la cercana Princes Street –que delimita el New Town–, bordeando los Jardines de la Calle de los Príncipes. Se ven los riscos de Salisbury Crags –en la colina más alta de Holyrood Park y de todo Edimburgo– resplandeciendo con un color naranja como a punto de incendiarse. Desde allí se admira la puesta de sol como desde el peldaño más alto de un anfiteatro colosal: con la ciudad entera hacia el frente y la luz del ocaso resaltando los contornos de las torres góticas.

La noche se cierne sobre los callejoncitos medievales. A medida que oscurece, los pasillos de Edimburgo se transforman en una telaraña cada vez más negra que se esparce por toda la ciudad, envolviéndola en un profundo halo de misterio arácnido.

Patrimonio de la Humanidad

Edimburgo ha sido la capital de Escocia desde el siglo XV. Tiene dos zonas diferenciadas: la Ciudad Vieja, dominada por una fortaleza medieval, y la Ciudad Nueva, construida en estilo neoclásico a partir del siglo XVIII. Esta última tuvo una profunda influencia sobre la planificación urbana europea. La yuxtaposición armoniosa de estos dos barrios históricos, cada uno con muchos edificios importantes, es lo que da a la ciudad su carácter único. En 1995, las dos zonas de Edimburgo fueron designadas, en conjunto, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La institución Edimburgh World Heritage (EWH) se creó en 1999 para vigilar y promover la Ciudad Vieja y la Nueva de Edimburgo y para administrar un régimen de subvenciones para la reparación de los edificios de la zona. EWH trabaja con el Ayuntamiento de Edimburgo y el Gobierno escocés para hacer frente a los problemas de conservación que afectan la apariencia, el carácter y la integridad de las áreas de conservación del lugar.

Ruta “La Atenas del Norte”

Esta nueva ruta recorre la arquitectura clásica del New Town de Edimburgo, el ejemplo de planificación urbanística georgiana de mayor tamaño y mejor preservado del mundo.

La comparación de Edimburgo con Atenas procede de sus magníficas edificaciones del siglo XIX, entre las que se incluyen el impresionante National Monument y el edificio de la Royal Scottish Academy. Además de edificaciones de estilo neogriego, la ruta muestra atracciones cercanas como la Gallery of Modern Art y los Royal Botanic Gardens.

Otra ruta es la “House Histories Trail”, para descubrir las fascinantes historias que se esconden tras las ornamentadas fachadas de los edificios históricos de Edimburgo. La ruta culmina en Dean Village, un pueblo industrial situado en un frondoso valle a tan solo unos minutos de Princes Street. Las impresionantes vistas desde el Dean Bridge siguiendo el curso del río Water of Leith hasta el mar no tienen desperdicio.

Ciudad de la Literatura

En octubre de 2004 Edimburgo fue la primera ciudad en ingresar a la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO como Ciudad de la Literatura.

Edimburgo es el hogar de autores contemporáneos famosos como Alexander McCall Smith (La primera agencia de mujeres detectives), Ian Rankin (Rebus) y J. K. Rowling (Harry Potter). La capital escocesa también se enorgullece de leyendas literarias como Robert Louis Stevenson (Dr. Jekyll y Mr. Hyde; La isla del tesoro), J. M. Barrie (Peter Pan), Kenneth Grahame (El viento en los sauces), Sir Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes), Muriel Spark (La plenitud de la señorita Brodie). La lista incluye a uno de los primeros bestsellers del mundo, Sir Walter Scott (Ivanhoe; Rob Roy; Waverley), quien consagró el género de la novela histórica.

No es de extrañar que en esta ciudad de letras se lleve a cabo la Feria Internacional del Libro más importante del mundo. El gran evento reúne a escritores, poetas, intelectuales, políticos, fotógrafos y artistas de todos los países para debatir, charlar e inspirarse mutuamente. Este año, el festival se llevará a cabo del 10 al 26 de agosto, en Charlotte Square Gardens.

MÁS INFO

www.viajarporescocia.com

www.visitscotland.com

www.nts.org.uk


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