Archipiélago Los Roques: un paraíso responsable

5 enero, 2017
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El archipiélago venezolano de Los Roques es un edén en el Caribe que ofrece playas hermosas y una gran diversidad natural. Al ser un Parque Nacional, es el turismo el que se adapta al entorno.

Playas paradisíacas, tranquilidad y una naturaleza desbordante. Todo eso tiene el archipiélago venezolano de Los Roques, que por sobre todo puede jactarse de algo que lo hace aún más singular: impulsar y apostar por el turismo responsable, a tal punto de que es considerado por muchos como un lugar ideal para quienes se inclinan por el turismo ecológico.

Declarado Parque Nacional desde 1972, bajo la presidencia de Rafael Caldera, goza de una celosa protección y rígidos controles de la actividad comercial a fin de preservar toda la belleza natural del parque marino más extenso del mar Caribe. Las políticas ambientales, que velan por la conservación de este grupo de 50 islas y cerca de 300 cayos y bancos de arena, no permiten que este edén sea visitado en masa. Esto, además, les otorga un aire primitivo y de virginidad a sus playas blancas, ubicadas a una hora de vuelo desde Caracas, la capital del país.

El Instituto Nacional de Parques (Inparques) está a cargo de vigilar y promover que la actividad turística no perjudique la belleza natural de Los Roques, uno de los principales atractivos del país. Pero el organismo estatal no se encuentra solo en esta misión, ya que hay varias fundaciones que suman su esfuerzo cotidiano a las tareas de conservación para, por ejemplo, proteger diversas especies de tortugas que están en peligro de extinción en el mundo. Para esto, se llevan a cabo conferencias, talleres y programas de concientización a los que asisten tanto los habitantes locales como los visitantes. A todos por igual se los informa y se busca crear conciencia sobre diferentes aspectos, como la vida de las tortugas en lugares como el cayo Dos Mosquises.

Los Roques es considerada el área protegida más grande del mar Caribe, una zona que ya de por sí contiene un gran atractivo turístico a nivel internacional. Pero a diferencia de los otros grandes destinos de la región, en este archipiélago no existen las enormes construcciones de resorts o cadenas hoteleras, una firme decisión que apunta a alterar lo menos posible el hábitat natural.

Corazón del archipiélago
El Gran Roque es la isla principal y el único punto al que llegan los vuelos con turistas que visitan el archipiélago. El aterrizaje es toda una aventura. El espectáculo comienza unos minutos antes de tocar tierra, más precisamente cuando el avión comienza a perder altura, y se observan desde el aire los distintos tonos de azul y turquesa del agua. Luego, los aviones descienden, y cuando parece que están a punto de tocar el agua se encuentran con la pista de aterrizaje del pequeño aeropuerto, que sorprende a todos por ubicarse a escasos metros del mar.

El Gran Roque tiene una superficie de 1,7 kilómetros cuadrados, donde viven menos de 2000 personas. Hay una comisaría, una iglesia, una oficina de Inparques y una escuela. En sus calles, todas de arena, se ubican casi todas las posadas y los alojamientos disponibles para los visitantes del archipiélago. Desde la costa, diariamente salen los servicios de lanchas para visitar las playas más hermosas en cayos o islas como Francisquí, Pirata, Crasquí, Madrisquí, Noronquí y el ya mencionado Dos Mosquises. Cabe aclarar que no todos los cayos o islas pueden ser visitados por los turistas, ya que en varios casos se trata de áreas protegidas.

Mundo submarino y alojamiento

Para los amantes del buceo, este es uno de los mejores lugares del mundo para sumergirse, ya que tiene un hermoso arrecife de coral en gran estado de conservación. La diversidad y riqueza del mundo acuático –en el que también se pueden ver delfines y ballenas– es fértil como pocos: cuenta con cerca de 300 especies de peces, 200 de crustáceos, 140 de moluscos, 60 de corales y 45 de erizos y estrellas de mar. Desde las pequeñas embarcaciones que trasladan a los visitantes, es habitual ver no solo peces de diferentes colores sino también varias especies de tortugas nadando en el agua cristalina. A su vez, hay un centenar de especies de aves –como el pelícano pardo, el piquero café y la gaviota guanaguanare, entre otras– que complementan el paisaje. Como una muestra de la abundancia que caracteriza a sus aguas puede mencionarse que de Los Roques, donde tiene una gran importancia la pesca como actividad económica, salen el 90 por ciento de las langostas que se consumen en Venezuela.

En Los Roques hay posadas básicas y otras más lujosas, a la vez que también es posible acampar en algunas islas o cayos, en los que se puede cumplir el anhelo que tienen muchos viajeros: armar la carpa y pasar la noche bajo las estrellas en una playa literalmente desierta. Eso sí, antes de eso hay que pasar por la oficina de Inparques para obtener un permiso que es emitido en el momento. Se puede acampar en varias islas. A todo esto, es imprescindible llevar agua potable, repelente, comida enlatada y protector solar. Una buena opción puede ser alquilar la cava, llenarla de hielo y buscar algún reparo a la sombra, a modo de conservar bebida fresca y alimentos para pasar el día. De todos modos, es conveniente saldar todas las inquietudes o dudas en la oficina de Inparques, ya que –fuera del Gran Roque– en la mayoría de los cayos hay poca o nula infraestructura.

Paisajes de postal

El centenar de playas del archipiélago plantean, entre otras cosas, un ejercicio que requiere un enorme esfuerzo con escasas posibilidades de éxito: intentar describirlas puede resultar una pérdida de tiempo, ya que en este caso las imágenes lo dicen todo. Pero las palabras nunca dejan de ser importantes, como para saber que sus aguas cristalinas además son cálidas y que la arena blanca –de origen coralino– no quema los pies. Claro, ninguna experiencia será más completa que hacer una visita y vivirlo.

Entre las actividades recreativas se pueden mencionar el kayak, paseos en barco o kitesurf, además de nadar, claro. Tal vez uno de los desafíos –y encantos– sea que si bien varios cayos están cerca uno de otro, cada uno de ellos posee algo que lo hace distinto al resto. En gran parte de ellos y, principalmente, en el Gran Roque, los amantes del pescado pueden darse el gusto de consumir productos muy frescos. Incluso, hay sitios donde las langostas las sacan del mar cuando el comensal las pide; así, a los pocos minutos la tiene servida en su plato.

A riesgo de ser un tanto arbitrario, podría decirse que entre los imperdibles de Los Roques está Cayo de Agua, al cual se llega en un tour que tiene una parada en la preciosa Dos Mosquises, donde está la Estación Biológica de Reproducción de Tortugas. Una hora después de partir del Gran Roque se llega al desértico Cayo de Agua, donde los turistas exprimen sus cámaras de fotos para capturar las imágenes más espectaculares: por ejemplo, una lengua de arena une dos islas, entre las que se puede transitar a pie.

Quienes tengan curiosidad por la vida en el agua, pero no se animen a bucear, pueden optar por hacer snorkeling en Boca de Cote. Más allá de que todo el archipiélago en general invita a practicarlo, en este lugar es especial porque es donde se pueden ver con gran facilidad estrellas de mar. Como el trayecto desde el Gran Roque es largo, se recomienda visitar Boca de Cote cuando el mar esté tranquilo y haya buena visibilidad. El traslado es ya un lindo paseo en sí mismo, ya que en el camino el paisaje regala una postal detrás de otra, como el Palafito, una precaria casa de madera de pescadores en el medio del mar. Parece una escena de un cuento.

Noronquí, también conocido como Noronquises, es otra de las islas preferidas por los visitantes. Se la divide en tres partes (arriba, medio y bajo) y está totalmente deshabitada. Lo único que hay es un refugio de madera. No hay árboles, por lo cual es esencial contar con sombrilla para protegerse del sol. Si bien la mayoría de las lanchas que llevan a los visitantes a los cayos cuentan con sombrillas que están incluidas en el precio del traslado, es conveniente estar atentos y preguntar. Un puñado de turistas suele llegar a media mañana desde el Gran Roque y alrededor de las cuatro de la tarde retornan a sus posadas. De esta manera, quien elija acampar aquí quedará en medio de la naturaleza y en soledad hasta la mañana siguiente.

El sol es inclemente prácticamente en cada rincón del archipiélago, que tiene una temperatura promedio de 27 grados y un clima desértico-árido. Las lluvias son escasas durante todo el año, pero hay que tener en cuenta que entre los meses de noviembre y diciembre los puri puri se pueden convertir en una pesadilla en Los Roques: se trata de unos mosquitos del tamaño de una pulga que pican mucho. Los repelentes son de gran ayuda en esa época.

La oferta gastronómica, a base de pescado, depende en general de la posada que elija el visitante, ya que el alojamiento suele incluir el desayuno y una comida o dos comidas, según sea media pensión o pensión completa. De todos modos, está la posibilidad de hospedarse en una posada y comer en otra –para lo cual es necesario realizar reservas–, o bien se puede visitar alguno de los pocos restaurantes que hay en el Gran Roque. Uno de los sitios más concurridos es Aquarena Café, que suele estar abierto todo el día para ofrecer desayuno, almuerzo, merienda y cena.

En su carta se destacan los jugos naturales y platos como sushi, ceviche y hamburguesas. El lugar, que también cuenta con una tienda de artesanías, está a tono con el espíritu ecologista de la isla. En su Facebook, por ejemplo, muestra su preocupación por el medioambiente mediante la difusión de información; así, por ejemplo, cuentan que las tortugas marinas siempre vuelven a las playas donde nacieron para poner sus propios huevos. “Cuando nacen, el recorrido que hacen desde la arena hasta el mar les queda en la memoria permitiéndoles volver a pesar de haberse alejado miles de kilómetros”, explican. Podría decirse que algo similar les sucede a quienes visitan Los Roques: cuando se van del lugar, por mucho que se alejen, nunca olvidarán el encanto de este archipiélago.

Cómo llegar a Los Roques

Vuelo directo Buenos Aires-Caracas por Aerolíneas Argentinas y otras empresas. Desde Maiquetía, el aeropuerto de la capital venezolana, hay vuelos en avioneta hasta Los Roques. Las empresas más conocidas son Aerotuy (www.tuy.com) y ChapiAir (www.chapiair.com).

Tener en cuenta
Venezuela es uno de los países con mayor inflación del mundo, los precios son muy cambiantes y conviene prestar especial atención a la hora de hacer reservas o comprar tours.

Dónde dormir y comer
-Acuarela. Ofrece pensión completa y traslados ida y vuelta a los cayos. Para el almuerzo la posada brinda una heladera con hielo, bebidas y comidas. La terraza del lugar es muy linda, tiene un patio interno muy valorado por los visitantes y las habitaciones son bastante amplias. Su cocina italiana es elogiada. Más información: http://roqueparaiso.com/posada-acuarela

-Bora La Mar. Una opción más económica, frente a la playa y con desayuno incluido. Está al lado de la iglesia del Gran Roque. El ambiente, acogedor. La comida casera suele estar hecha por su dueña. El barman prepara buenos tragos. Las mesas al borde del mar son un extra que suele atraer a los turistas para cenar. Las habitaciones son pequeñas, aunque limpias, confortables y con aire acondicionado.

Clima en Los Roques
Es cálido y seco, con una temperatura promedio de 27 grados durante todo el año, aunque en los meses de julio y agosto alcanza un máximo de 34 grados. Llueve poco todo el año.

Más información de Los Roques: http://www.mintur.gob.ve/

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